Operar en China no resulta fácil para los gigantes tecnológicos. La extrema regulación del mercado, y en especial la existencia del Gran Firewall – es decir, de la censura y control de contenidos ejercidos por el gobierno del país – han provocado que empresas como Google y Facebook no puedan ofrecer sus productos y servicios en uno de los mercados más grandes del mundo. Esto ha provocado que otras empresas similares, como el buscador Baidu, la red social Weibo, y el mensajero WeChat (disponible también fuera del país) se convirtieran en verdaderos colosos en el país asiático. Pero hay una compañía estadounidense que apostó por el mercado chino y nunca lo abandonó. Se trata de Apple.

El éxito de Apple en China

Apple desembarcó en el mercado chino en octubre de 2009, cuando lanzó su iPhone 3G de la mano de China Unicom, una de las operadoras líderes en el país. Desde entonces, logró ubicarse como uno de los fabricantes líderes en ese mercado, a partir del posicionamiento de sus productos como bienes de lujo. Y esto tiene sentido, puesto que tanto los teléfonos de la marca, como sus tablets y computadoras, son algunos de los pocos productos de diseño occidental no adulterados que se venden en ese país, tal y como se venden en los Estados Unidos y Europa. Distinto es el caso de algunos de sus competidores, como Samsung, cuya estrategia fue inundar el mercado chino con productos muchas veces adaptados especialmente para el país, lo que atentó contra el prestigio de la marca, y la despojó de cualquier tipo de diferencial en relación a marcas locales como Huawei, Lenovo, e incluso Xiaomi, las cuales también producen teléfonos Android aunque a precios más bajos.

El éxito de Apple en el mercado chino, permitió que la empresa apalancara su crecimiento a partir de las ventas de iPhones en ese país, el cual se convirtió en su segundo mercado en importancia. Durante el cuarto trimestre de 2015, la compañía facturó $12.500 millones de dólares solamente en ese mercado, un número impresionante, pero que se torna incluso más sorprendente cuando se tiene en cuenta que en el mismo período de 2014 su facturación había sido de $5.700 millones, es decir, la mitad. Esto se explica por el cada vez mayor foco de la marca en ese mercado, ya sea abriendo tiendas propias, o incluyéndolo en el listado de países que primero recibirían los iPhone 6s y el 6S Plus durante su lanzamiento, lo cual resultó en 13 millones de unidades vendidas, un crecimiento del 30% en relación al lanzamiento de los iPhone 6 y 6Plus un año antes. Además de reportar ventas, esto permitió que la empresa contrarrestara un poco el avance global que Android está teniendo sobre su plataforma en los mercados estadounidense y europeo. Sin embargo, aunque los consumidores no han perdido su amor por la marca, los competidores locales y el gobierno chino comienzan a ponerle palos en la rueda. Palos que, según muchos analistas, podrían resultar fatales.

Los problemas con los reguladores

Durante los últimos meses, la actitud del gobierno chino con respecto a la empresa comenzó a cambiar. La primera señal llegó en abril de este año, cuando la Administración General de Prensa y Publicaciones (que también se encarga de regular a la radio, la televisión, y a la industria cinematográfica) suspendió los servicios iTunes y iBooks en el país – los cuales habían sido lanzados apenas siete meses antes – a partir de nuevas regulaciones que limitan la actividad editorial por parte de firmas extranjeras. Si bien no se trató de un cierre permanente, al día de hoy la suspensión continúa vigente, y la empresa no ha podido restablecer el servicio.

Según el New York Times, es difícil que esta medida vuelva para atrás, dado que el Gobierno Chino está determinado a priorizar el contenido de compañías locales como Huawei, Alibaba y Tencent, las cuáles además permiten un mayor control sobre las películas, series de TV, libros, y otros contenidos ofrecidos en sus tiendas, de acuerdo con la censura vigente en el país. Del mismo modo, existiría una cierta preocupación por parte del gobierno de Xi Jinping por la posibilidad de que las empresas norteamericanas utilicen su tecnología para espiar a los ciudadanos chinos para el gobierno norteamericano, algo que Apple desmiente fervientemente.

Este, sin embargo, no fue el último problema de Apple. Hace pocos días, un tribunal de Beijing, ordenó que la compañía retire de las tiendas a los iPhone 6 y 6 Plus dado que, de acuerdo con el fallo, infringen la patente presentada por la compañía local Shenzhen, la cual había registrado su dispositivo llamado Baili 100C. Este smartphone es llamativamente parecido al producto de Apple, aunque cabe preguntarse si la empresa de Cupertino fue la que verdaderamente incurrió en el plagio. Un reporte del Wall Street Journal, reproducido parcialmente por el sitio 9to5Mac, da cuenta de que Digione, la empresa madre de Shenzhen, patentó el diseño de su dispositivo pocos días antes del lanzamiento del iPhone 6, cuando ya se habían filtrado algunas imágenes de su diseño. Lo más llamativo del caso es que, a la fecha, la compañía parece haber dejado de operar, algo consistente con sus reportes anuales pasados que la mostraban como insolvente. Su abogado, sin embargo, sostiene que la misma sigue operativa y que, incluso si no lo hiciera, el punto es que Apple violó sus patentes, y que probablemente extenderá sus demandas al iPhone 6S, buscando impedir que la empresa fundada por Steve Jobs lo mantenga a la venta.

Por el momento, y mientras dura el proceso de apelación y revisión del fallo, todos los modelos de iPhone siguen a la venta en China. Sin embargo, este no fue el primer traspié judicial para Apple en el país, que hace pocos meses perdió una demanda contra otra compañía en la que buscaba impedir que ésta utilizara la marca iPhone en los accesorios no oficiales que vendía.

Operar en China no resulta fácil para las empresas occidentales de tecnología. Ya sea por cuestiones de regulación del contenido, o por fallos judiciales que pueden parecer arbitrarios como este, pero que apuntan a proteger a la industria nacional, las empresas extranjeras del rubro suelen vivir un clima de incertidumbre, en el mejor de los casos, o teniendo que abandonar el mercado. Apple, hasta ahora, parecía inmune a esas problemáticas. Pero los últimos sucesos demuestran que esto ya no es así.

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