Desde hace más de una década, la integración de un sistema de pagos en el celular se ha convertido en una especie de Santo Grial en la industria móvil. Todos, desde analistas y ejecutivos, a operadoras y fabricantes, entienden que en este mundo donde todos los dispositivos tienden a converger en el teléfono móvil, la integración de un sistema de pagos – o una billetera – representa una enorme oportunidad de cooptar un mercado que mueve $12.000 millones solo en los Estados Unidos. Sin embargo, tras decenas de intentos y soluciones de distintos tipos, ningún jugador en la industria logró dar con un producto definitivo que generara el cambio cultural que todos creemos que los pagos móviles pueden producir, convirtiéndose en la plataforma definitiva y dejando atrás a las tarjetas de crédito tradicionales. Y Apple Pay no parece ser la excepción.

Es que a pesar del entusiasmo que manifiesta la empresa de Cupertino, Apple Pay no representa, desde el punto de vista tecnológico, un avance significativo. La promesa de este sistema – el cual, en esencia, funciona de la misma manera que Google Wallet y un sinfín de otros servicios, incluyendo el de compañías locales como la argentina Monedero – radica en la amplia gama de acuerdos que Apple firmó con grandes tiendas, cadenas gastronómicas y retailers en los Estados Unidos, así como en la posibilidad llevar distintas tarjetas de débito y crédito directamente en el iPhone o en un Apple Watch. Sin embargo, con todos estos acuerdos y todo, al día de hoy apenas 220.000 locales aceptan este modo de pago en los Estados Unidos.

Sin embargo, la limitada distribución no es, en absoluto, el problema con Apple Pay. La dificultad que tendrá este sistema para instalarse radica en la experiencia de usuario y en el hecho de que, todavía, no parece resolver un problema real.

La evolución de los pagos móviles: Desde Coca-Cola hasta Google Wallet

Si bien hoy pensar en pagos móviles implica imaginarnos, casi indefectiblemente, en una transacción realizada por NFC, en un comienzo la tecnología era diferente. El primer sistema de pagos utilizando teléfonos móviles fue lanzado en Finlandia, en 1997, nada menos que por Coca-Cola. Sin la disponibilidad de smartphones o de conexiones 3G, la fabricante de gaseosas se valía de mensajes de texto para cobrarles por una lata a los usuarios en algunas de sus máquinas expendedoras. El el mismo año, al otro lado del Atlántico, las estaciones de servicio Mobil lanzaron un sistema de pagos por NFC que, lógicamente, no se valía del teléfono móvil sino que de un llavero equipado con esta tecnología, o de una tarjeta, para cobrar rápidamente la carga de combustible en sus surtidores autoservicio.

Desde entonces, los experimentos con pagos móviles se fueron replicando, los pagos online evolucionaron hasta convertirse en alternativas seguras, eficientes, y ampliamente utilizadas , incluso desde los teléfonos móviles, y las tecnologías tendieron a converger hasta que, en 2011, Google Wallet promtetió convertirse en la revolución definitiva de los pagos desde el celular.

Google Wallet

Lector de Google Wallet. Foto for delebola2025

Así como Apple Pay, Google Wallet permite guardar los datos de múltiples tarjetas en el teléfono y pagar en distintos comercios apoyando el teléfono contra un lector NFC. La diferencia más importante entre ambos servicios se encuentra en que, en el caso de Google Wallet, para completar la transacción es necesario ingresar un pin, mientras que los usuarios de iPhone simplemente deben colocar su dedo en el teléfono o reloj inteligente. Quizás fue por la falta de lugares para utilizar el servicio (disponible en McDonald’s, 7/11 y otras pcoas cadenas), por la escasa cantidad de dispositivos Android en el que se encuentra disponible, o por la falta de claridad en el marketing de la aplicación, pero Google Wallet fue un rotundo fracaso. Apple promete que con Pay será diferente.

La apuesta de Apple

Cuando, durante el último WWDC Tim Cook presentó Apple Pay, lo hizo contando que se trata de una solución innovadora, distinta a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. En ese instante, reprodujo un video mostrando a una mujer pagando en una tienda de ropa apoyando su teléfono en un lector de NFC. Muchos pensaron que se trataba de una broma, o una especie de chicana a Google, dada lo cuestionable elegancia del dispositivo en cuestión y, sobre todo, el hecho de que la implementación que se presentaba era prácticamente idéntica a la que el gigante de Mountain View venía ofreciendo desde el lanzamiento del Galaxy Nexus en 2011.

Apple confía en que su enrome capacidad de instalar nuevas tendencias, y de masificar productos como el Smartphone, o la Tablet, puede lograr que un sistema de pagos de este tipo se imponga como la norma.

El caso de Starbucks

Desde hace casi dos años, la cadena de cafeterías Starbucks, permite que sus consumidores paguen sus cafés y muffins utilizando una aplicación móvil que se vale de los sensores de proximidad de los teléfonos, de manera casi idéntica a Apple, Google, y otros jugadores. De acuerdo con The Economist, la compañía ha logrado que alrededor del 15% de sus ventas en los Estados Unidos se paguen por este medio. Este número, relativamente alto, sin embargo, no parte de la conveniencia de la tecnología, ni de la seguridad que esta presenta, sino que del hecho de que pagando de esta forma, se obtienen descuentos y beneficios como en otros programas de fidelización. Cabe preguntarse si, sin este incentivo, los usuarios utilizarían el servicio. Y esta pregunta puede extenderse a Apple Pay.

Starbucks App Free Drink

Si bien, como señaló Tim Cook durante su presentación, se trata de una tecnología que supera en varios aspectos a la de las tarjetas de crédito y débito, es lícito preguntarse si el engorro de utilizar estos medios de pago, ya conocidos y adoptados por el total de la población bancarizada (que en los países desarrollados iguala a casi el total), es tal que justifique adoptar un nuevo sistema. ¿Es la experiencia de usuario que ofrecen estos servicios tan superior que las personas simplemente abandonarán sus tarjetas? ¿Se convertirá en un estándar tan diseminado que los negocios invertirán en lectores de NFC y en capacitación de sus fuerzas de venta? ¿Es tal la percepción de inseguridad asociada a las tarjetas que las personas intentarán cambiarlas? Todo lleva a pensar que la respuesta a todas estas preguntas es que no. Y es por eso que, a pesar de ser conveniente, Apple Pay probablemente no sea adoptado masivamente por los consumidores para el pago de productos en tiendas físicas.

Dónde si seguramente tendrá buena adopción, será para el pago de compras online, donde – si bien las plataformas de pago mejoraron notablemente en todos los aspectos – Amazon ya ha demostrado que la posibilidad de pagar con un solo click o tap, es ampliamente utilizada por los consumidores.

¿Esto significa que los pagos móviles no son realmente una oportunidad, y que este es un mercado que nunca se desarrollará? Para nada. Los pagos móviles son, posiblemente, una parte muy importante de nuestro futuro y, de hecho, ya lo son en países donde constituyen la única alternativa como en Kenya y Liberia, donde el pago por SMS se encuentra muy extendido. Sin embargo, no será hasta que exista una solución verdaderamente innovadora que ofrezca verdaderos incentivos para cambiar la forma en la que pagamos que el móvil se convertirá, efectivamente, en un medio de pago que dejará atrás la tecnología del plástico y las bandas magnéticas.

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