Una de las primeras medidas tomadas por el nuevo gobierno argentino, el cual asumió sus funciones el 10 de diciembre pasado, tiene que ver con la realización de algunos cambios en una ley icónica para la gestión anterior y que, entre otras cuestiones, regula la forma en la que las empresas de telecomunicaciones ofrecen sus servicios. Se trata de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, informalmente conocida como Ley de medios. Promulgada en octubre de 2009, esta ley regula – entre otras cuestiones – la cantidad de licencias de medios de comunicación puede operar cada empresa en el territorio nacional, y el tipo de servicios ofrecidos por las telcos y otras empresas de telecomunicaciones en la Argentina. Así la ley establece un límite de 24 licencias para las compañías de cable, y prohíbe explícitamente la oferta de servicios de múltiple play (es decir, la combinación de servicios de teléfono, televisión, banda ancha, telefonía móvil, y otros en una sola factura) por parte de las telefónicas y de los proveedores de cable. Pero esto podría cambiar, abriéndoles las puertas a nuevos servicios y a una eventual mejora del servicio tanto para los usuarios residenciales como para los clientes móviles.

El nuevo gobierno busca cambiar esta situación. Por un lado, su intención es la de habilitar a las compañías telefónicas a ofrecer servicios de televisión por cable y a las cableras a ampliar sus carteras para incluir telefonía y servicios móviles, algo que gracias a la reciente adquisición de Nextel Argentina por parte del Grupo Clarín, operador de Cablevisión y Fibertel, el principal proveedor de televisión paga e Internet de banda ancha fijo en el país, sería posible.

Independientemente de la opinión que cada uno pueda tener acerca de la ley y los cambios propuestos – los cuales despiertan controversias y polémica en la sociedad tanto por su propia naturaleza como por la modalidad con la que el gobierno planea llevarlos a cabo – la realidad es que la expansión de los servicios de estas empresas y la llegada del cuádruple play ya parece irreversible y es, de hecho, una tendencia que se extiende por todo el continente. Tanto en Chile como en Colombia, Perú, y hasta en Brasil empresas como Telefónica y América Móvil (Claro) cuentan con servicios de televisión y con paquetes que permiten contratarlos en conjunto con sus líneas fijas, sus líneas móviles y con servicios de banda ancha residenciales. En algunos casos, las operadoras cuentan incluso con servicios de televisión satelital que les permite cubrir todo el territorio compitiendo con compañías como Sky y DirecTv.

La implementación de un sistema similar en nuestro país podría impulsar cambios fundamentales en la forma en la que nos comunicamos. Por un lado, el ingreso al mercado de una cuarta operadora móvil podría estimular la competencia y llevar a una guerra de precios con las tres operadoras que hoy se dividen el mercado en partes prácticamente iguales. Al mismo tiempo, esto fomentaría estrategias como la recientemente implementada por Claro de vender sus celulares desbloqueados, las cuales terminan beneficiando a los consumidores.

Al mismo tiempo, la posibilidad de expandir la oferta e incluir nuevos negocios, puede llevar a las telefónicas a realizar grandes inversiones en infraestructura, como tendido de fibra óptica, fundamental para ofrecer servicio de cable, y para ampliar el ancho de banda de Internet, hoy muy limitado en gran parte del interior del país, e incluso en partes del conurbano de la Ciudad de Buenos Aires. Hay que recordar que en provincias como San Luis, el ancho de banda residencial se ubica en torno a los 2MB, lo cual no solamente genera una peor experiencia para los usuarios de esas regiones, sino que además crea una brecha innecesaria entre las distintas regiones del país, y crea un impedimento para el desarrollo de negocios digitales, y de todo tipo, en el interior.

Una mayor oferta de proveedores de Internet, hoy muchas veces limitados a una o dos empresas en cada localidad, y a tecnologías desactualizadas e incapaces de lidiar con la creciente demanda, podría llevar a una mejora sustancial en la calidad y velocidad de las conexiones fijas en nuestro país, así como también de las móviles a través de nuevas redes 3G y 4G.

Al mismo tiempo, las nuevas posibilidades de expandir sus negocios para las compañías de telecomunicaciones permitirán que éstas comiencen a incrementar su oferta de servicios de valor agregado, y que puedan ampliar su cartera de productos con nuevas opciones no tradicionales. Esto supone una enorme oportunidad para nuevos emprendimientos y desarrolladores locales, que pueden encontrar en los partnerships estratégicos, una forma de ampliar sus mercados y llegar a nuevos clientes en toda la región.

La expansión de los servicios 3G y 4G

Una de las mayores dificultades experimentada por la industria móvil en Argentina durante los últimos años tiene que ver con la mala calidad del servicio. Si bien un observador desprevenido puede atribuirle esto a falta de inversión o falta de interés por parte de las operadoras, la realidad es otra, y tiene que ver con el marco regulatorio.

De acuerdo con GSMA, la porción del espectro radioeléctrico asignado a las telcos argentinas para el desarrollo de servicios móviles es insuficiente. Mientras que para brindar un servicio acorde a la explosión del consumo de datos que está viviendo la región, y en particular nuestro país, harían falta entre 1.148 MHz (según 4G Américas) y 1.340 MHz (cifra mínima para manejar el tráfico de datos hacia 2020 según GSMA), en Argentina el espectro asignado se encuentra en torno a los 270 MHz y, en el caso del 3G se restringe a dos frecuencias (850 y 1900 MHz), utilizadas por todas las empresas, mientras que el promedio a nivel regional es 6. Esto, lógicamente, genera congestiones y resulta insuficiente para satisfacer la demanda. Al mismo tiempo, durante muchos años el gobierno retuvo alrededor de un 25% de las bandas asignadas para los servicios 3G, las cuales se liberaron luego de que se concretara la fusión total de los servicios de Movicom y Unifón bajo Movistar. Asignados a Arlink, un proyecto de operadora estatal, que fue postergado en múltiples oportunidades, estas bandas nunca se distribuyeron entre las tres principales operadoras.

Si bien, como ya hemos visto en otras oportunidades, el gobierno subastó las bandas para el lanzamiento del 4G el año pasado, y amplió la oferta de bandas 3G en la misma oportunidad, todavía quedan bandas sin asignar, entre ellas todas las vinculadas con la banda 28 de LTE, que opera en el rango de los 700MHz, y que ofrece buena cobertura en territorios extensos, y en el interior de los edificios y lugares cerrados.

Otro problema estructural que enfrentan las operadoras tiene que ver con la falta de disposición de la ciudadanía de aceptar la colocación de antenas en edificios y distintos puntos de la ciudad. Esto genera dificultades a la hora de ampliar la cobertura.

De acuerdo con Cisco el tráfico de datos a nivel regional crecerá a razón de un 59% por año hasta 2020. Al mismo tiempo, la cantidad de smartphones se incrementará hasta convertirse en el 71,9% de los equipos existentes en el país. Esto significa que el marco regulatorio debe adaptarse velozmente, o los usuarios verán un servicio de cada vez peor calidad. Y, lo que es peor, se perderán oportunidades de desarrollar nuevos negocios y se estará limitando el crecimiento de la industria móvil, así como de otras que utilizan estas plataformas para crecer y llevar adelante sus actividades.

El nuevo gobierno anunció la creación de un Ministerio de Comunicación cuyo titular Oscar Aguad insistió en  que su prioridad será resolver estos problemas para poder restaurar la calidad en el servicio de telefonía móvil. Será cuestión de tiempo ver si esto sucede.

Una expansión de los servicios de múltiple play, así como un marco regulatorio que fomente una expansión de la infraestructura tanto de las redes físicas como la de las móviles y la ampliación de la cantidad de jugadores en cada mercado sin dudas tendrá como principales beneficiarios a los usuarios, quienes verán una notable mejora en el servicio, una mayor oferta y, posiblemente, una caída en los precios.

 

Foto: James Stewart (Flickr CC 2.0)

 

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