A veces, la innovación aparece en el lugar menos esperado. Es el caso del dinero electrónico, algo que los apologistas de la informatización vienen proponiendo hace décadas, y que ya tiene su primera experiencia. Antecedentes como Apple Pay o Google Wallet, que permiten utilizar el celular para realizar pagos, podrían hacernos pensar que los Estados Unidos, donde estos métodos son prevalentes, serían la primera nación en el mundo en implementar un sistema de este tipo, pero no: se trata de Ecuador, la pequeña democracia latinoamericana cuya economía está atada al dólar y cuya población tiene escaso acceso a los bancos.

Ambas características han incidido en la aplicación del sistema. La baja penetración bancaria es justamente lo que hace que el país sea ideal para utilizar alternativas a las tarjetas de débito y crédito, en este caso a través del celular; sin embargo, los avatares económicos han hecho que muchos desconfíen de la iniciativa y sospechen que el gobierno de Rafael Correa busca crear una especie de moneda paralela al dólar, lo que indicaría presentes y, sobre todo, futuras zozobras. Ecuador no tiene su moneda propia, ya que dolarizó su economía hace quince años, de manera que no tiene instrumentos monetarios para afrontar las crisis, como otros países que pueden emitir su propia moneda y, llegado el caso, devaluarla.

Seguramente por estas dudas, la adopción del nuevo método (que arrancó en diciembre del año pasado, con el registro de cuentas de los usuarios de celulares, y empezó a operar en febrero, con la posibilidad de cargar saldos y hacer pagos) viene siendo muy lenta. Los taxistas estuvieron entre los primeros en aceptar el pago de los viajes a través del móvil, pero los bancos fueron renuentes, y el gobierno tuvo que obligarlos a través de una resolución(ser capaz de forzar la oferta, en vez de someterse a los dictados del mercado, es una de las ventajas del Estado en cualquier país). Sin embargo, los propios usuarios se muestran reacios a usar el dinero electrónico: abundan los comercios que lo aceptan desde hace meses pero nunca realizaron una operación con este método.

Pero ¿qué es el dinero electrónico exactamente? Se trata de un sistema para transferir dinero al teléfono móvil y utilizarlo para pagar bienes y servicios; lo que suele llamarse una billetera virtual. Este método elimina la necesidad de tener una cuenta bancaria y permite a quienes no cuentan con dinero plástico (tarjetas) hacer y recibir pagos en forma rápida y segura, a través de mensajes de texto protegidos con un PIN. No requiere tener un smartphone ni conexión a Internet, ya que se apoya en los servicios más básicos de la telefonía celular como el SMS. El saldo se carga en cualquier punto habilitado, de manera similar a como se compran minutos para las llamadas, y está respaldado por el Banco Central del Ecuador, a través de sus activos y reservas.

En este sentido, vale aclararlo, es algo radicalmente diferente de las monedas digitales como Bitcoin o Dogecoin, que no están respaldadas por entidad financiera alguna y son muy volátiles. En este caso la billetera virtual contiene dinero “real”, que pasa de dólares físicos poseídos por el usuario a una cuenta digital, y al realizar una transacción, pasa de esa cuenta a la cuenta digital del cobrador, igual que al utilizar una tarjeta de débito. A su turno, los usuarios pueden volver a convertir ese saldo en dólares en efectivo.

Tecnológicamente, el esquema no es nuevo. Lo novedoso es que es la primera vez que lo implementa un Estado, a través del Banco Central. Pero existe un claro antecedente privado, de tremendo éxito: el M-Pesa, aplicado por las principales operadoras móviles en Kenia, a partir de 2007, y luego replicado en Tanzania, Afganistán, Sudáfrica, India y Europa del Este. El M-Pesa (“dinero-m” en swahili) ya tiene más de 18 millones de usuarios, en una región en la que el sistema bancario formal tiene escasa penetración y sólo un 6% de la población tiene tarjeta de crédito. En Kenia, en 2012, las transacciones móviles ascendieron al 31% del producto bruto del país. Además de la conveniencia que representa esta tecnología, se le atribuye haber reducido el delito al posibilitar que la gente ande sin efectivo encima. Para 2014, más de la mitad de los keniatas mayores de 15 años utilizaban dinero móvil: una prueba irrefutable del éxito del sistema.

¿Podrá Ecuador reproducir ese éxito?

El dinero electrónico no ha tenido una acogida entusiasta, al menos en sus primeros meses de existencia y a pesar de las ventajas que presenta, como los menores costos para el usuario y la posibilidad de hacer y recibir pagos desde y hacia distintas operadoras sin incurrir en gastos adicionales. Para las autoridades, la gente aún no sabe bien de qué se trata, y por eso se organizan charlas informativas. De todas maneras, por el momento, no parece que vaya a producirse una explosión similar a la de M-Pesa en África.

Las propias autoridades ecuatorianas son modestas en sus objetivos: esperan que la cantidad de depósitos en dinero electrónico alcance los 80 millones de dólares en cinco años, una suma poco significativa en el total de movimientos de la economía local. Pero enfatizan el fin social de la idea. Buscan que los pobladores de zonas rurales, alejadas de los bancos pero con gran penetración de celulares, puedan usarlo, y que esto tenga un impacto sobre la “economía popular y solidaria”.

Pero además, la popularización del dinero móvil tendría beneficios para el gobierno. Por un lado, porque recircular los dólares físicos tiene un costo (3 millones por año aproximadamente), que se vería reducido; y por el otro, porque todo lo que ayude a activar los flujos de dinero en una época de retracción es positivo. Justamente ocurre que la economía nacional ha dejado de crecer y, según los pronósticos, es posible que este año se contraiga, por primera vez desde que el presidente Correa tomó las riendas del país.

El desafío del dinero electrónico, ahora, es la adopción por parte de los usuarios. El gobierno ecuatoriano confía en que la aceptación irá creciendo con el tiempo. Está por verse si otros países interesados en los beneficios del sistema implementan sus propios sistemas públicos de dinero digital. Pero independientemente de los resultados de esta experiencia, el caso de Ecuador demuestra que el móvil es una de las mejores alternativas a la hora de resolver el problema de la baja bancarización.

 

Foto: Yamil Salinas Martínez (Flickr)

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