Desde su lanzamiento en octubre de 2010 Windows Phone se convirtió en uno de los sistemas operativos móviles más interesantes en el mercado. Su singular interfaz, inicialmente conocida como “Metro” por su inspiración en los carteles del metro del condado de King County, cerca de Seattle, le permitía mostrar notificaciones de manera dinámica, y ofrecía una simplicidad de uso y elegancia que lo distinguía de otros sistemas operativos. Pero un entorno frágil, un marketplace de aplicaciones poco nutrido, una mala integración con los servicios de Google, el poco favor por parte de las operadoras en los Estados Unidos y Europa, y una falta de oferta de terminales interesantes terminaron relegando a este sistema operativo a un lejano tercer lugar, que con un 2,5% de cuota de mercado a nivel mundial (según IDC), nunca logró su cometido de romper el duopolio Android-iOS que domina la mayoría de los mercados del mundo (aunque no el argentino, ni otros en América Latina). Tras el lanzamiento de su quinta versión, sin embargo, un cambio de estrategia por parte de Microsoft tiene el potencial de cambiar la suerte de su sistema operativo móvil y de colocarlo en un tercer puesto más robusto, quitándole mercado a sus mayores rivales.

El lanzamiento de Windows Phone 8.1 puede ayudar a obtener un mejor posicionamiento

Existen varias razones por las que Windows Phone 8.1, la más reciente versión de este sistema operativo, tiene el potencial de posicionarse mejor entre usuarios y operadoras. Por un lado, se trata de la primera versión verdaderamente madura de este SO capaz de competir mano a mano con Android y iOS. Su renovado sistema de notificaciones, similar al de Android, mayores opciones de personalización, y la introducción de Cortana, un asistente personal operado por voz que permite operar todas las funciones del teléfono (tales como responder mensajes, crear entradas en el calendario, programar la alarma, etc) y buscar información en Internet a través de Bing de manera similar a como opera Google Now, lo ponen al día – y a veces hasta un paso adelante – en relación a sus competidores. Por otra parte, su tienda de aplicaciones creció notablemente, superando las 300.000 (contra 1,2 millones en la de Apple), con la que ya es posible disfrutar de prácticamente todas las aplicaciones disponibles en las otras plataformas. Pero probablemente el cambio más significativo, fue la ampliación de la compatibilidad del sistema operativo para permitirle funcionar con una mayor variedad de hardware.

Este último cambio, el cual ocurrió a partir de la actualización del firmware le permite a Windows Phone 8.1 operar dispositivos construidos alrededor de los últimos procesadores, y trabajar con pantallas de altísima resolución, algo que antes no era posible y que limitaba técnicamente al sistema operativo, condenándolo a encontrarse presente en dispositivos que –incluso con una buena performance – no podían competir con los buques insignia operados por Android como el Galaxy S5 de Samsung, el LG G3, o por iOS, como el Apple iPhone 6. Otro cambio fundamental radicó en eliminar la necesidad de contar con botones capacitivos en los dispositivos, permitiendo incorporar soft keys, es decir botones en pantalla, similares a los de Android.

Un verdadero cambio de rumbo en la estrategia

La eliminación de los botones físicos y la ampliación de la compatibilidad con el nuevo hardware no ocurrieron de casualidad. Son parte de una estrategia clara por parte de Microsoft para ampliar la oferta de equipos disponibles, una necesidad vital para la compañía la cual, con una cuota de mercado tan baja, siempre tuvo problemas para convencer a los fabricantes de desarrollar nuevo hardware para operar con su sistema el cual, por otro lado, nunca va a crecer si no está integrado en equipos atractivos.

Con estos cambios, Microsoft podrá colocar su sistema en una mayor variedad de equipos sumamente poderosos. Y no hablamos simplemente de dispositivos Nokia mejor equipados como el nuevo Lumia 930, sino que de los equipos más deslumbrantes creados por los fabricantes para operar con Android, lanzándolos como versión alternativa con Widnows Phone, permitiendo que el usuario pueda elegir las terminales más populares en el mercado con este sistema operativo.

El HTC One M8 para Windows

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Foto: El nuevo HTC One con Windows Phone junto a su versión homónima operada por Android. Foto por Ron Amadeo (Ars Technica)

El primer intento de lanzar un teléfono de estas características ocurrió la semana pasada cuando el fabricante taiwanés HTC presentó una nueva versión de su teléfono insignia, el HTC One M8, operado por Windows Phone 8.1.

Gracias a la nueva versión del sistema operativo, la compañía no tuvo que hacer ningún cambio en el equipo, ni siquiera el cambio de la posición de un botón o agregar un solo transistor, simplemente instalar la nueva versión de Windows en algunas de sus terminales y lanzarlas al mercado, una ventaja que permitió lanzar esta suerte de experimento a un muy bajo costo y prácticamente sin riesgos.

De esta forma el HTC One M8, conserva todas sus funciones y características que lo han vuelto uno de los teléfonos más atractivos de la última temporada, reemplazando nada más el sistema operativo. Esto, de acuerdo con Microsoft, HTC, y Verizon (la primera operadora en vender el dispositivo, al mismo precio que su contraparte operada por Android) genera mayor valor agregado porque permite que los usuarios elijan su sistema operativo, sin necesidad de sacrificar ninguna función, o la posibilidad de tener el teléfono que quieren. Si la iniciativa prosperara y comenzara a estar disponible en otros teléfonos de alta gama, como el Samsung Galaxy S5, el LG G3, y quien sabe, hasta el Moto X, sería posible ampliar significativamente la base de usuarios de Windows Phone, poniendo el valor agregado no solamente en el equipo, sino que en el sistema operativo y dejando la elección del lado del usuario.

Esta estrategia, sin lugar a dudas, tiene beneficios para Microsoft, que podrá ampliar su base de usuarios e instalarse como una verdadera alternativa. Por otro lado, sin implicar costos extra de desarrollo o marketing, los fabricantes podrán optar fácilmente por lanzar una versión con Windows Phone de sus dispositivos más populares, y las operadoras subsidiarlos sin miedo de perder dinero. Después de todo, es el dispositivo el que se lleva la inversión en publicidad, y no el sistema operativo que lo opera.

Esta estrategia también tiene sentido para los fabricantes, quienes hoy encuentran gran parte de su suerte atada a las demandas de Google, compañía que lidera el mercado de los sistemas operativos móviles y que logró, incluso, torcer el brazo de su mayor aliado, Samsung, al lograr que éste abandonara – o por lo menos postergara ­– sus planes de lanzar una línea de teléfonos equipada con Tizen, su propio sistema operativo, con lo que le sacaría por completo el negocio de la publicidad y los servicios de valor agregado a la empresa de Mountain View.

La alternativa de utilizar un sistema operativo diferente en los mismos dispositivos, permitiendo que sea el usuario el que elija, ayudará a los fabricantes a limitar su dependencia en un solo ecosistema y, por decirlo de una manera poco elegante, a poner sus huevos en más de una canasta, recuperando poder de negociación, y generando alternativas que hoy simplemente no poseen.

Prospere o no esta alternativa, resultará interesante evaluar si es el poder de Android, o de las funciones de los nuevos equipos, lo que verdaderamente les interesa a los usuarios, y si la elección de un nuevo ecosistema puede ayudar a romper con el duopolio que dominó la industria durante los últimos 5 años y ayudar a Microsoft a ganar terreno e incrementar su cuota de mercado en la que, probablemente, sea su última oportunidad.

 Foto: Isriya Paireepairit

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